El nuevo alcalde es un animalista “ambientalista” a ultranza. Ha decidido hacer un municipio de puertas abiertas
con las mascotas, va a reestructurar la Plaza de Toros Belmonte para que no
haya más corridas en la urbe; y, declaró al volcán Ilaló en emergencia tras
constatar la tala indiscriminada del bosque para fines de construcción.
Hace pocos días, Quito amaneció con un tramo
de 2 kilómetros en la Avenida Simón Bolívar, desde el intercambiador de
Monteolivo hasta la planta de la EPMMOP, lleno de árboles talados en el
parterre. La razón: una nueva obra vial en Quito.
Al día siguiente las redes sociales se
inundaron de ciudadanos indignados ante la imagen de devastación: 80 árboles
que fueron sembrados hace una década habían sido víctimas de una masiva tala
sin previo aviso.
Aplaudimos como siempre las nuevas obras,
sabemos que son necesarias para aliviar la congestión vehicular; el problema
aquí es que una de las vías más transitadas de Quito amanece, sin explicación
alguna, con una imagen desoladora. Y lo peor, se incumple la propia normativa
de la ciudad.
Lo asombroso, es que luego del reclamo
ciudadano, los responsables de tal absurdo, la EMMOP, publica en su cuenta de
twitter que van a realizar una campaña de reforestación en el parque
Metropolitano, y que por cada árbol talado sembrarían 100 más.
Es evidente la no planificación en esta tala.
Recordamos al Alcalde y a su Gabinete que existe la Ordenanza Municipal 0282
que “Regula el uso, rehabilitación y mantenimiento de las aceras, mantenimiento
de fachadas y cerramientos y preservación del arbolado público urbano en
Distrito Metropolitano” dice claramente en el Articulo 22 sobre Prohibiciones:
“a) Talar o destruir ejemplares sin autorización del órgano metropolitano
competente. En este caso el Municipio es juez y parte. ¿Siendo los encargados
de velar por el arbolado público, los talan sin planificación? ¿Una campaña de
reforestación basta? Lo más grave es que la misma Ordenanza en el Art. 23 que
habla sobre la tala dice que “La tala será excepción y siempre se considerará
la reubicación del ejemplar antes de iniciar cualquier proceso de eliminación”.
Le preguntamos entonces al Municipio de Quito ¿Acaso no se podían
reubicar los 80 árboles? ¿Por qué se irrespetó la Ordenanza Municipal? ¿Dónde
quedó el discurso ambientalista del Alcalde Yunda? ¿Estamos viviendo nuevamente
la política clientelar a la que nos acostumbraron los últimos alcaldes? ¡Ser y
parecer! Seamos consecuentes con lo que se dice y se hace!



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