miércoles, 23 de octubre de 2019

El alcalde ausente




Sobre las ruinas humeantes de una ciudad devastada, quienes habitamos en Quito experimentamos un sentimiento de abandono, de orfandad. Como que somos moradores de una ciudad que nos es ajena, o, al menos, esa es la sensación que nos provoca el pertenecer a un conglomerado acéfalo.

La discusión política respecto a si estamos o no de acuerdo con las medidas económicas del gobierno o si estamos o no de acuerdo con la movilización social, es importante. Claro que lo es. Pero igual de relevante es la postergación que como ciudadanos hemos sentido al ver que nadie, ninguna autoridad local, salió en defensa del bienestar de casi tres millones de personas que viven en Quito y que, de pronto, estuvieron en medio del fuego cruzado entre dos actores testarudos, cuyo enfrentamiento se iba tornando más violento y amenazó, incluso, la provisión de los servicios más básicos como el acceso al agua potable.

Desamparados y a nuestra suerte, jamás se planteó públicamente un plan de contingencia oficial para evitar el colapso de la ciudad, una operación estratégica liderada desde la autoridad para preservar la integridad de los ciudadanos y sus bienes, una movilización de recursos y equipamiento público para resguardar el funcionamiento de áreas sensibles de una urbe como el servicio de transporte público, el de recolección de basura, o el de la coordinación de control territorial junto a la comunidad para enfrentar, de alguna manera, la falta del resguardo de la Policía Nacional que durante 12 días puso todo su contingente en reprimir a grupos determinados, abandonando de esta forma su misión de proteger al resto.

En medio de todo el caos, ¿dónde estaba el alcalde? Los primeros días no quiso asumir su responsabilidad de liderar una posición oficial firme y pública de respeto a la libre movilidad de ciudadanos que venían hacia acá, y, al mismo tiempo, una posición firme y pública de advertir con claridad a esos mismos ciudadanos que no iba a permitir una agresión a la ciudad cuya administración comanda, o la interrupción de las actividades cotidianas de los ciudadanos que habitan aquí y a quienes él, más que nadie, representa.

Como que desde la nefasta administración de Mauricio Rodas, la figura del alcalde de Quito es la de una marioneta que busca desesperada a una mano que le dé vida. Durante las protestas conservadoras de 2016, el pusilánime alcalde de entonces salió a la calle a unirse a esa manifestación, luego de varios días de vacilación, y cuando lo hizo su intervención fue tan nefasta que a partir de allí, su declive político se selló para siempre. Al igual que ahora, jamás asumió una posición oficial desde el inicio y fue una víctima fácil de las presiones provenientes de otras ciudades y otros líderes que entendieron cómo “manejar al muchacho”.

En esta ocasión, Jorge Yunda se encerró en su mundo de cálculo político. Ese mismo cálculo que en 2017 lo llevó, entre gallos y media noche, a cambiar de líder en el movimiento 35 y, posteriormente, a convertirse en república independiente una vez que ya no necesitó a la base política que lo llevó a ocupar una curul parlamentaria. Hoy, como alcalde, se limitó a mirar cómo evolucionaban los hechos, a dar carta blanca a los unos para que entren al tropel a Quito, y a callar convenientemente frente a los otros para no ser presa de probables retaliaciones políticas. Yunda jugó a quedar bien con los dos poderes enfrentados, pero a quedar mal, muy mal ante ese gran actor que constituye la ciudadanía que fue la que, a la larga, lo puso en el sillón que hoy calienta.

Asumir una posición institucional firme que oriente el despliegue de un trabajo político, operativo y programático ante una coyuntura específica, por más compleja que esta sea, es lo mínimo que se le puede pedir a una autoridad elegida democráticamente, cuyo objetivo primigenio es el de proteger la convivencia y el bienestar de la comunidad que lo eligió.

Yunda se olvidó de eso. Dejó hacer a todo el mundo lo que le dio la gana, en una ciudad cuyos habitantes veíamos absortos cómo la destrozaban en pedazos, tanto desde los movilizados que fragmentaron parte del patrimonio urbano para usarlo como proyectil improvisado, como desde las fuerzas nacionales del orden que convirtieron a las calles centenarias del Centro Histórico en pistas para tanques de guerra.

Es justamente por la ausencia de alcalde, que pequeñísimos grupos de “comedidos” provenientes de una alcurnia criolla venida a menos, pero que todavía se creen predestinados a dictaminar el destino de esta ciudad por encima del orden democrático, se aglutinan en entidades de papel como la vergonzosa “Junta Cívica de Quito”. Ojalá Yunda lo tenga claro. Esos señoritos ya quieren su cabeza, y mientras no trabaje para servir a la verdadera ciudadanía de este poblado abandonado que podría respaldarlo si se gana ese apoyo con acciones, tarde o temprano esa elite se lo comerá vivo, sin importar el cálculo político que él haga.

viernes, 20 de septiembre de 2019

El gremio de taxistas: ¿un poder paralelo en Quito?



La Constitución del Ecuador garantiza la igualdad de todos ante la ley. Sin embargo, en los hechos, es evidente que unos grupos reciben mayor atención que otros y, lo que es más preocupante, las decisiones públicas cuyos efectos impactan en todos, no se toman mientras no exista el “visto bueno” de esos grupos particulares que muchas veces amenazan con acciones de fuerza si las medidas no se diseñan de acuerdo a su gusto y acomodo.

Este es el caso del gremio de taxis que existe en Quito. Para todos los ciudadanos es conocido que desde hace varios años el municipio de la urbe no da un paso en cuanto a temas de movilidad o transporte, sin antes contar con la aprobación de la poderosa agrupación amarilla cuya carta de presentación es la capacidad de colapsar la ciudad entera si a su dirigencia o asociados les da la gana.

Las exhibiciones que han hecho de su poder son múltiples. De hecho, la caída del expresidente Jamil Mahuad comenzó a configurarse de manera real cuando un 05 de julio de 1999 los conductores de taxis decidieron no trabajar y bloquear Quito durante varios días. Más recientemente, y aunque de forma desarticulada, han hecho gala de violencia contra las operadoras Uber y Cabify, intentando controlar mediante la fuerza a un mercado que pretenden mantenerlo cautivo hasta las últimas consecuencias.

Durante la administración de Augusto Barrera se intentó aplicar un plan de regularización que, debido a la falta de control posterior, solo devino en un agravamiento del problema del exceso de unidades dedicadas a esta actividad y un incremento del desorden existente, con la multiplicación de asociaciones, organizaciones y cooperativas que se dedican al transporte de pasajeros en unidades livianas.

Más tarde, Mauricio Rodas usó al taxismo como una de sus palancas electoreras y transó con ese gremio la concesión de dádivas de campaña a cambio de apoyo. Fue así que, una vez que ganó la alcaldía, no tuvo empacho en aplicar un incremento en las tarifas para taxis (algo que no se atrevió a hacer con las tarifas del transporte en buses) a espaldas de la ciudadanía, sin que medie socialización alguna y echándole la culpa de esa acción demagógica al gobierno de entonces, argumentado un supuesto incremento de los insumos automotrices que habrían obligaron el alza tarifaria. Todo fue falso. Simplemente tenía que pagar el haberse hipotecado al gremio taxista antes de llegar al Palacio Municipal.

Ahora que Jorge Yunda está al mando de la administración de la ciudad, y luego de que decidiera endurecer la medida de “Pico y Placa” para transformarla en “Hoy No Circula”, el anuncio inicial de la suspensión de circulación entre las 05:00 y 20:00 para todos los autos, incluidos taxis y motocicletas, sospechosamente se fue modificando.

¿Qué pasó? Pues que la presión del gremio del taxismo comenzó a hacerse presente, tal como había sucedido con administraciones anteriores. El 6 de septiembre último sus dirigentes amenazaron públicamente con paralizar la ciudad cuando comenzara la aplicación de la medida, es decir el lunes 09 de septiembre, generando agitación en redes sociales y ciudadanía.

Sin embargo, la noche de ese mismo 6 de septiembre, la dirigencia inicialmente amenazante, se tornó sorpresivamente comprensiva tras mantener una reunión con el alcalde. ¿Cuál fue el resultado? Pues que el municipio acordó con los taxistas hacer una evaluación del impacto del Hoy No Circula el 30 de noviembre próximo, oferta que el taxismo interpretó como la posibilidad de que acate con normalidad la restricción hasta esa fecha y que desde el 1 de diciembre vuelva a trabajar sin restricción alguna.
Como ciudadanos nos preguntamos ¿qué corona tiene el taxismo para mantener una línea de comunicación directa con el alcalde e influir en sus decisiones? ¿Por qué no se procede igual con otros sectores que también resultan afectados con la medida? El alcalde Yunda debe estar consciente de que, al establecer excepciones, está emitiendo un mensaje tácito de que la ley no es para todos, de que existen ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda, y, lo que es más grave, que un grupo determinado, sea cual fuere, puede usar la amenaza del uso de la fuerza como herramienta de extorsión a la autoridad para que lo exima de cumplir sus responsabilidades, a diferencia de otros que sí deben someterse al imperio de la ley.

¿Qué va a pasar el 30 de noviembre próximo? ¿Yunda volverá a reunirse con los dirigentes del taxismo para ver qué nueva concesión les hace? ¿O va a declarar de una vez por todas que en esta ciudad manda el interés colectivo, pese a quien le pese? Ya lo veremos.

martes, 20 de agosto de 2019

87 días del alcalde


Por Carlos Bustamente Salvador
Tomado de Cartas al lector de Diario El Comercio


Asumir las funciones públicas como un servicio a la colectividad dispone la Constitución del 2008 de Montecristi; la Alcaldía del Distrito Metropolitano de Quito no es la excepción. Las decisiones que han tomado, en este corto periodo, el Alcalde del Distrito, el Concejo Metropolitano y el equipo de colaboradores, son populistas.

La ausencia de un plan de gobierno previo a la calificación como candidato, coherente, en donde la ciudad y sus habitantes sean los objetivos primordiales, son responsabilidades de Burgomaestre, Ediles y Secretarios. Caso contrario, sus acciones y omisiones son de responsabilidad civil y penal.

Aumentar las horas del pico y placa justificando trabajo de repavimentación incrementará aún más el parque automotor; la impronta “Quito grande otra vez”, “Quito es mío”, que por cierto no es original, la fiesta de las luces por los 210 años del Primer Grito de Independencia, el programa de Quitunes, constituyen demostración clara de improvisación y desconocimiento, agrediendo dolosamente a la ciudad y a sus habitantes, que se ha convertido en un mercado las 24 horas del día.

Recuperemos los iconos de la ciudad como la Ronda con música y arte ecuatoriano, el Centro Histórico, el Panecillo, la Cima de la Libertad, el Itchimbia, la Loma, con programación educativa e histórica que permita el turismo.
Carlos Bustamante Salvador LEA TAMBIÉN Asumir las funciones públicas como un servicio a la colectividad dispone la Constitución del 2008 de Montecristi; la Alcaldía del Distrito Metropolitano de Quito no es la excepción. Las decisiones que han tomado, en este corto periodo, el Alcalde del Distrito, el Concejo Metropolitano y el equipo de colaboradores, son populistas. La ausencia de un plan de gobierno previo a la calificación como candidato, coherente, en donde la ciudad y sus habitantes sean los objetivos primordiales, son responsabilidades de Burgomaestre, Ediles y Secretarios. Caso contrario, sus acciones y omisiones son de responsabilidad civil y penal. Aumentar las horas del pico y placa justificando trabajo de repavimentación incrementará aún más el parque automotor; la impronta “Quito grande otra vez”, “Quito es mío”, que por cierto no es original, la fiesta de las luces por los 210 años del Primer Grito de Independencia, el programa de Quitunes, constituyen demostración clara de improvisación y desconocimiento, agrediendo dolosamente a la ciudad y a sus habitantes, que se ha convertido en un mercado las 24 horas del día. Recuperemos los iconos de la ciudad como la Ronda con música y arte ecuatoriano, el Centro Histórico, el Panecillo, la Cima de la Libertad, el Itchimbia, la Loma, con programación educativa e histórica que permita el turismo.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/alcalde-jorge-yunda-lector-opinion.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

viernes, 12 de julio de 2019

El doble discurso de Yunda




El nuevo alcalde es un animalista “ambientalista” a ultranza. Ha decidido hacer un municipio de puertas abiertas con las mascotas, va a reestructurar la Plaza de Toros Belmonte para que no haya más corridas en la urbe; y, declaró al volcán Ilaló en emergencia tras constatar la tala indiscriminada del bosque para fines de construcción.

Hace pocos días, Quito amaneció con un tramo de 2 kilómetros en la Avenida Simón Bolívar, desde el intercambiador de Monteolivo hasta la planta de la EPMMOP, lleno de árboles talados en el parterre. La razón: una nueva obra vial en Quito.

Al día siguiente las redes sociales se inundaron de ciudadanos indignados ante la imagen de devastación: 80 árboles que fueron sembrados hace una década habían sido víctimas de una masiva tala sin previo aviso.

Aplaudimos como siempre las nuevas obras, sabemos que son necesarias para aliviar la congestión vehicular; el problema aquí es que una de las vías más transitadas de Quito amanece, sin explicación alguna, con una imagen desoladora. Y lo peor, se incumple la propia normativa de la ciudad.





Lo asombroso, es que luego del reclamo ciudadano, los responsables de tal absurdo, la EMMOP, publica en su cuenta de twitter que van a realizar una campaña de reforestación en el parque Metropolitano, y que por cada árbol talado sembrarían 100 más.






Es evidente la no planificación en esta tala. Recordamos al Alcalde y a su Gabinete que existe la Ordenanza Municipal 0282 que “Regula el uso, rehabilitación y mantenimiento de las aceras, mantenimiento de fachadas y cerramientos y preservación del arbolado público urbano en Distrito Metropolitano” dice claramente en el Articulo 22 sobre Prohibiciones: “a) Talar o destruir ejemplares sin autorización del órgano metropolitano competente. En este caso el Municipio es juez y parte. ¿Siendo los encargados de velar por el arbolado público, los talan sin planificación? ¿Una campaña de reforestación basta? Lo más grave es que la misma Ordenanza en el Art. 23 que habla sobre la tala dice que “La tala será excepción y siempre se considerará la reubicación del ejemplar antes de iniciar cualquier proceso de eliminación”.

Le preguntamos entonces al Municipio de Quito ¿Acaso no se podían reubicar los 80 árboles? ¿Por qué se irrespetó la Ordenanza Municipal? ¿Dónde quedó el discurso ambientalista del Alcalde Yunda? ¿Estamos viviendo nuevamente la política clientelar a la que nos acostumbraron los últimos alcaldes? ¡Ser y parecer! Seamos consecuentes con lo que se dice y se hace!





lunes, 24 de junio de 2019

¡Ya está bien de perritos, ahora le toca a la gente!



Muchos vimos con admiración y otros con asombro, que el nuevo alcalde llegue a votar y luego a la ceremonia de posesión con su perro. Lo aplaudimos, nos pareció excelente, somos también amantes de los peludos de cuatro patas, pero este amor por su mascota tal parece que se ha convertido en la  principal gestión del alcalde Yunda.

Si bien es cierto tener un alcalde amante de los perros y que quiera que se haga respetar a los animales de compañía nos parece de lo más normal, pero de ahí a realizar una permanente campaña por los perros ya está rayando en el absurdo.

Las noticias que leemos a diario sobre el nuevo alcalde de Quito es que hizo una nueva acción por los caninos.

Lleva un mes de gestión y ya tenemos todas estas perlas de Yunda y su campaña pro canina.

1.- Instauró al municipio como una entidad Pet Friendly y autorizó a los funcionarios municipales a llevar a sus mascotas los viernes.

2.- “Chester Vive”, campaña de adopción de perros rescatados en las secretarías municipales y la Asamblea Nacional.

3.- La policía metropolitana ya va adoptando dos perros rescatados.

4.- Y, por supuesto su perro Zeus con el que frecuenta las oficinas de la alcaldía metropolitana.

Sí, son buenas noticias para la ciudad. Tomar conciencia del respeto por las mascotas, adopción responsable, hacerlos parte de la cotidianidad del trabajo, claro que respetamos y apoyamos la iniciativa, pero ¿qué pasa con la gente de a pie? ¿Qué ha hecho en este mes de gestión el acalde electo por sus votantes, por su ciudad? 

Queremos un Quito que respete su fauna urbana claro que sí, pero tenemos tantos temas represados por la ineficiencia de la administración pasada, que es hora de que el alcalde Yunda tome el “toro por los cuernos” y se ponga a trabajar por los ciudadanos que tantas necesidades tenemos. ¡Ya está bien de perritos, ahora le toca a la gente!

viernes, 31 de mayo de 2019

Austeridad engañosa




El nuevo alcalde llega con el ímpetu y las ganas de todo novato político, y con ese mismo impulso y haciendo honor a sus antecesores decide, como una de sus primeras medidas, renovar el logotipo de la alcaldía. Entendemos que quiera dejar su impronta, que todos quieren que se reconozca su gestión, pero llegar a llenarse la boca con un discurso de austeridad y ahorro y luego cambiar el logo a los pocos días de su posesión nos huele a demagogia.  

Acaso, ¿No se han dado cuenta el tremendo costo que eso implica para la ciudad? Si, claro, dicen que la creación del logo no tuvo costo para el municipio, dicen que las pancartas con las que amaneció la ciudad no salieron de las arcas del cabildo, pero acaso ¿No se han puesto a pensar que ahora que hay nuevo logo y resulta imperativo cambiar toda la gráfica de la ciudad, pancartas, vallas, papelería y una retahíla de cosas que cuestan? ¡Si señores, es un costo altísimo que lo pagamos todos los quiteños!

Entendemos sus razones señor Yunda, pero lastimosamente no las compartimos. Entra usted con la vorágine de la austeridad, pidiendo a sus funcionarios que no utilicen los autos del municipio, quitándoles los planes de celular; pero, por otro lado, cambia el logo de la ciudad, generando un elevado costo en el presupuesto de comunicación de su cabildo. Vuelve usted a caer en las mismas acciones de sus antecesores. ¿No iba a ser usted diferente y volver a caer en las prácticas de siempre?

Lo de las vallas al día siguiente de su posesión con la trillada frase de Trump “Quito grande otra vez” es otra cachetada a los quiteños. ¿Con qué dineros pagó esas vallas? Ya no estábamos en campaña, aún no podía hacer uso de los recursos de la alcaldía… ¿y entonces señor alcalde, es que acaso su narcisismo es tan grande que no puede ver más allá de sus narices? ¿Es que acaso su ingenuidad por ser un neófito de la función pública lo hacen incurrir en acciones que luego le van a pasar factura?

Solo queremos poner sobre el tapete la discusión, su discurso está vacío al hablar de austeridad, solo se trata de una medida clientelar para contentar a sus electores, pero sepa que los quiteños no somos miopes señor alcalde, estamos vigilantes a sus acciones y queremos que resuelva los grandes problemas de la urbe, no haciendo alharaca de una supuesta “austeridad” que ni se va a sentir. ¡Es hora de hacer obras para los quiteños, que para eso lo escogimos!

miércoles, 15 de mayo de 2019

¡BUENA SUERTE YUNDA, HASTA NUNCA RODAS!


 Luego de cinco años de la administración de Rodas, esta semana empieza sus labores un nuevo alcalde en la ciudad de Quito: Jorge Yunda.  Rodas, le deja la vara bastante baja por su casi nula gestión durante su periodo al frente de la alcaldía capitalina; ojalá Yunda sí logre cumplir con lo ofrecido a los quiteños. ¡Estaremos vigilantes!

Han sido cinco años de gran malestar para los quiteños, no solo porque el alcalde incumplió casi en su totalidad lo ofrecido en su plan de gobierno y en su campaña, sino porque nos deja una ciudad más caótica, con mayores índices de violencia, con problemas irresueltos como el transporte público y con una población a la que poco importa si su ciudad progresa o no.

En el tema de movilidad, Rodas se encargó de concesionar el metro, su obra más visible, pero que no fue más que el seguimiento del proyecto impulsado por el acalde Barrera; los famosos Quito Cables que iban a solucionar el desplazamiento de los barrios altos en el norte de la urbe, jamás llegaron a feliz término, no solo que tuvieron continuas protestas por parte de los habitantes del lugar, si no que se evidenció que era un proyecto inviable, con altos costos para la ciudad y una “solución a medias”. Finalmente no se realizó, pero tampoco se dio solución de transporte a este sector de la ciudad.

El transporte público no puede estar en peores condiciones. Apenas se remodelaron las paradas del Trolebús y se compraron 40 nuevas unidades para suplir la demanda de este corredor, pero también estas unidades se adquirieron de manera poco técnica, sin considerar que el tamaño de las unidades no podían circular bien por las estrechas calles del Centro Histórico y que las paradas no coincidían tampoco con su tamaño.

Las famosa “solución vial Guayasamín” que constituiría un alivio para al flujo automotor del valle de Tumbaco, también tuvo sus detractores y jamás se llegó a realizar.

Y qué decir de la telenovela con los taxistas regularizados, con el escándalo de coimas de los choferes y con las vías que poco o nada se bachearon.

Pero no vamos a detenernos a explicar cada cosa que no hizo y cada ofrecimiento incumplido porque los vamos a cansar con algo que ya todos sabemos.

En resumidas cuentas, las “ideas geniales” de Rodas no lograron concretarse nunca, sus ofrecimientos no fueron más que estrategias clientelares y puro humo.

El alcalde entrante tendrá que resolver de manera urgente las necesidades de la población capitalina, que hoy por hoy es la ciudad más poblada del Ecuador con más de 2,7 millones de habitantes.

Rodas jamás logró pactar con su Concejo, y desde un comienzo tuvo deserciones de sus más cercanos colaboradores, dificultando la gestión y la aprobación de ordenanzas municipales.   

Se hizo evidente que Rodas no estaba preparado para gobernar una ciudad, pensó que hacer política pública y resolver los problemas de una ciudad tan compleja como Quito era como manejar una empresa privada. Se rodeó de colaboradores que provenían del sector privado y no logró tener nunca una visión estratégica para la ciudad.

Rodas deja una ciudad con cientos de cosas irresueltas, necesidades instatisfechas y una población apática que en las elecciones demostró que ya está cansada de los políticos de siempre, pero también de los jóvenes improvisados. Los quiteños escogimos a un outsider, un popular y bonachón locutor de una de las radios más escuchadas de la ciudad. Esperamos que, por el bien de los quiteños, Yunda logre devolverle a Quito algo de dignidad y empiece con pie derecho. ¡Buena suerte Yunda y hasta nunca Rodas!

El alcalde ausente

Sobre las ruinas humeantes de una ciudad devastada, quienes habitamos en Quito experimentamos un sentimiento de ...