El nuevo alcalde llega con el ímpetu y las ganas de todo novato político, y
con ese mismo impulso y haciendo honor a sus antecesores decide, como una de
sus primeras medidas, renovar el logotipo de la alcaldía. Entendemos que quiera
dejar su impronta, que todos quieren que se reconozca su gestión, pero llegar a
llenarse la boca con un discurso de austeridad y ahorro y luego cambiar el logo
a los pocos días de su posesión nos huele a demagogia.
Acaso, ¿No se han dado cuenta el tremendo costo que eso implica para la
ciudad? Si, claro, dicen que la creación del logo no tuvo costo para el
municipio, dicen que las pancartas con las que amaneció la ciudad no salieron
de las arcas del cabildo, pero acaso ¿No se han puesto a pensar que ahora que
hay nuevo logo y resulta imperativo cambiar toda la gráfica de la ciudad,
pancartas, vallas, papelería y una retahíla de cosas que cuestan? ¡Si señores,
es un costo altísimo que lo pagamos todos los quiteños!
Entendemos sus razones señor Yunda, pero lastimosamente no las compartimos.
Entra usted con la vorágine de la austeridad, pidiendo a sus funcionarios que
no utilicen los autos del municipio, quitándoles los planes de celular; pero,
por otro lado, cambia el logo de la ciudad, generando un elevado costo en el
presupuesto de comunicación de su cabildo. Vuelve usted a caer en las mismas
acciones de sus antecesores. ¿No iba a ser usted diferente y volver a caer en
las prácticas de siempre?
Lo de las vallas al día siguiente de su posesión con la trillada frase de
Trump “Quito grande otra vez” es otra cachetada a los quiteños. ¿Con qué
dineros pagó esas vallas? Ya no estábamos en campaña, aún no podía hacer uso de
los recursos de la alcaldía… ¿y entonces señor alcalde, es que acaso su narcisismo
es tan grande que no puede ver más allá de sus narices? ¿Es que acaso su
ingenuidad por ser un neófito de la función pública lo hacen incurrir en
acciones que luego le van a pasar factura?
Solo queremos poner sobre el tapete la discusión, su discurso está vacío al
hablar de austeridad, solo se trata de una medida clientelar para contentar a
sus electores, pero sepa que los quiteños no somos miopes señor alcalde,
estamos vigilantes a sus acciones y queremos que resuelva los grandes problemas
de la urbe, no haciendo alharaca de una supuesta “austeridad” que ni se va a
sentir. ¡Es hora de hacer obras para los quiteños, que para eso lo escogimos!

